Taheyya Karioka

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Taheyya Karioka (Badaweya Mohamed Kareem Al Nirani) nació en Ismaileya, Egipto, en una respetada y buena familia.

En su adolescencia, y debido a diferencias familiares que no pudo solucionar con sus hermanos, se mudó al Cairo donde vivió con una antigua vecina de su pueblo natal, la Sra. Suad Mahasen, dueña de un club nocturno y artista por derecho propio. Taheyya había golpeado a su puerta para que la ayudara a conseguir un empleo en su club nocturno. La Sra. Suad nunca imaginó darle un trabajo artístico ya que Taheyya no sabía qué era el arte y no había visto una actuación artística nunca antes en su vida. Suad Mahasen se rehusó a introducir a la bella y joven muchacha de su pueblo natal en ese tipo de vida nocturna y la alojó en su casa como invitada. Sin embargo, muchos amigos artísticos de Suad que vieron a Taheyya le aconsejaron que la sumara a su grupo de coristas, pero, otra vez, ella se negó a hacerlo.

La noticia sobre la nueva muchacha de Ismaileya llamó la atención de Madam Badeia Masabny, dueña del club nocturno más grande Cairo, quien pidió conocerla. Varios agentes de la industria musical se acercaron a la joven Taheyya y se la presentaron a Madam Masabny, quien le ofreció un empleo en su club de inmediato. Taheyya pidió permiso a su ahora tía Suad Mahasen para unirse al equipo de Masabny, ¡y qué mejor oportunidad que trabajar con la Decana del Baile Egipcio! En principio, la joven Taheyya fue llamada con el nombre artístico de Taheyya Mohamed, pero, a medida que crecía su popularidad en el club y que le dieron varios trabajos como solista, atrajo la admiración de muchos clientes regulares, en especial después de destacarse en el recién importado baile brasileño de Carmen Miranda ( El KARIOKA); y de allí recibió su nombre.

El nombre de Taheyya Karioka se hizo muy famoso y atrajo mucha atención hacia esta creciente y hermosa bailarina, bella, de buen humor, buena voz para el canto y con una personalidad encantadora, que se fue convirtiendo en una formidable bailarina en el equipo de Badeia Masabny. Las puertas del delicioso éxito se abrieron para esta joven muchacha de Ismaileya. Todo ocurrió a principios de los años cuarenta, durante la Segunda Guerra Mundial. Era una época de abundancia económica para la industria del cine egipcio. La vida nocturna florecía y la industria del cine crecía hacia una edad dorada nunca igualada en la historia del cine egipcio. Y, a pesar de todos los inesperados ataques aéreos y de las avisos de las sirenas, todos sabían que pasara lo que pasara no podían ser lastimados y, entonces, disfrutaban.

En aquellos tiempos existían no menos de 150 productoras de cine en Egipto, cada una producía un mínimo de tres películas por temporada, y los argumentos más populares de esos tiempos eran la comedias musicales con bailes que realmente entretenían a la gente y hacían que se olvidaran de la dureza de una guerra que no terminaba. Ello creó el clima ideal para Taheyya Karioka, quien era constantemente convocada para bailar en las películas, después le pedían que cante y baile, después que cante, que baile y actúe, y, no mucho después, ya estaba actuando en muchos papeles protagónicos en las principales películas. Durante toda esa época, Taheyya fue muy cuidadosa en seguir trabajando en el club nocturno de Badeia y en algunos otros clubes nocturnos que se habían hecho famosos en ese entonces. Los aplausos aumentaron y la admiración de la audiencia creció. Y, Taheyya se hacía cada vez más y más adicta a la droga de la fama y de la fortuna; y algo que sólo un artista de espectáculos puede entender, el delicioso regocijo de recibir los aplausos de una audiencia cautivada.

Llegó una oferta de tres famosos colegas de la industria cinematográfica, el director Hessein Fawzy y dos estrellas de cine, Hessein Sedqui y Anwar Wagdy, para formar una productora con fondos propios.

La compañía llevó el nombre de Sharikat Al Shabab, que significa “La Joven Compañía”, y produjo dos películas: 1. Aheb El Ghalat (Amo estar Equivocado) y 2. Aheb El Baladi (Amo el Báladi). Después de lo cual la compañía se disolvió y cada uno de sus integrantes, excepto Taheyya, comenzó su propia productora. Sin embargo, cuando el director Hessein Fawzy produjo su nueva película, NADOUGA (una historia como la de “Tarzán” que transcurría en la selva), invitó a su amiga de su compañía anterior para que actuara en ella, algo que le garantizaba la venta de entradas. Ésta no fue la única película en la cual Taheyya actuó que trataba sobre la historia de Tarzán; actúo, también, en otra película llamada “La Princesa de la Isla”, donde compartió el papel protagónico con el galán de la época, Kamal El Shennawy, y la dirigió el fallecido Hassan Ramzy, quien luego asumió el cargo de Jefe de la Cámara de Comercio de la Industria Cinematográfica y quien fue productor y director de muchas películas egipcias famosas y tío de vuestro servidor (Hossam Ramzy).

Antes de desviarnos demasiado de tema hablando del éxito de Taheyya como actriz de cine y teatro, además de como dama de la alta sociedad, debemos regresar al tema de su habilidad artística para la danza. Todas las personas de la industria de la música y la danza, quienes están totalmente de acuerdo y confirman que Taheyya refinó la danza egipcia llevándola a un nivel artístico nunca antes alcanzado comparable con las artes admiradas por la clase social más alta, y aquellas personas conocidas y consideradas creadoras de la música egipcia de hoy, aseguran que Taheyya, quién creía que no se trataba sólo de una danza de expresión, le agregó a esta forma de arte antigua emociones profundamente sentidas y sentimientos espirituales refinados. Taheyya es conocida por haber comentado que, como lo prueban los escritos en las paredes de los templos, nuestra danza era utilizada en el antiguo Egipto como forma de alabanza a los dioses.

La aclamada fama de Taheyya la convirtió en el centro de atención de las fiestas sociales de la alta sociedad real de Egipto hasta la revolución de Egipto del 23 de julio de 1952. Solía ser la anfitriona vocera tanto en las celebraciones nacionales oficiales como en las fiestas reales privadas. Con su inglés y francés fluidos, era muy capaz de mantener su posición frente a los dignatarios invitados extranjeros, ayudada por la lectura de su amplia bibliografía mediante la cual se autoeducaba para poder ser así la artista tan elocuente y culta que era.

Es imposible hacer una lista con los cientos de nombres de las bailarinas que aprendieron de Taheyya en forma directa o indirecta, ya sea por trabajar con ella o por absorber su deslumbrante estilo artístico.

Un hecho personal y triste de la vida Taheyya fue que, a pesar de sus varios matrimonios con diferentes estrellas brillantes de la actuación y hombres de negocios, nunca pudo quedar embarazada y ser madre. Algo que la entristeció hasta sus últimos días. Sin embargo, esto hizo que se involucrara mucho con los hijos de sus hermanos y el resto de la familia, y que ayudara y auspiciara a varias instituciones de caridad para niños y a hogares de huérfanos.

Taheyya recibió numerosos premios de la industria cinematográfica y del sector teatral, y del nuevo gobierno de Egipto. Pero, el mejor premio que recibió fue el amor y el aprecio, el respeto y la dedicación de la audiencia mundial que la adoraba. Incluso luego de su triste partida, aquí estoy yo, escribiendo sobre ella, y aquí están ustedes, leyéndolo…

Con mucho Ritmo
Hossam Ramzy
Taheyya Karioka

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